10/08 2012

#21: un vaso de agua bien frío en un día de mucho calor

Ok, de primavera no hemos tenido mucho, pero se supone que ya viene el calor, los rayos del sol, ponerse bloqueador y el momento de andar con pantalones cortos (comúnmente conocidos como “shores”).

Y para esos días de calor extremo que esperamos pronto recibir, nada mejor que un buen y grandote vaso de tu bebida favorita (gaseosa, jugo, cerveza, agua o lo que sea que te guste), con harto hielo para que esté bien helada. Esos vasos que con solo tomarlos con la mano ya comienzan a quitarte el calor, y que cuando bebes lo disfrutas como si fuera el mejor brebaje de la galaxia. Y todo termina con un “aaaaahhhh…”

Refrescante.

06/25 2011

#20: acostarse y abrigarse en un día frío

En estos días de invierno en que hemos tenido hasta -4°, llegar a la casa se convierte en el mejor momento del día. Calentar el agua, preparar un té y acostarse a hacer nada es la mejor forma de terminar una larga jornada de trabajo. Y si es acompañado, mucho mejor.

06/24 2011

#19: volver a escribir después de mucho tiempo

Hoy volví a leerme, todo gracias a mi novia que me recordó algunas cosas que escribía en mi blog y en este blog. Y es raro leerse… y recordar porque escribía, las cosas que sentía en ese momento, el por qué comencé a escribir. Ahora, después de mucho rato sin poner palabras en alguna parte, siento que es algo que necesito hacer. Liberar ideas, inspirarse con pequeñas cosas, sentir que un pequeño pedazo tuyo será leído por alguien. Si, puede que no sea nada muy interesante, pero este soy yo. Volver a escribir es algo que tenía pendiente y que hoy pretendo retomar. Ahora las actualizaciones serán más seguidas.

11/21 2010

#18: ese momento previo a que comience el concierto

La eterna espera se acaba cuando se apagan las luces. La gente a tu alrededor grita y te unes al coro sin darte cuenta. La banda sale a escena y saluda con un gesto. Está todo listo, sólo falta la música. Entonces, justo antes de que la primera nota suene, los nervios recorren todo tu cuerpo y por un segundo sientes que nada más importa. Esos 15 segundos en completa oscuridad son los mejores de tu vida.

09/22 2010

#17: cuando las canciones que te gustan suenan en lugares inesperados

No sucede siempre, pero cuando pasa es algo especial. Porque no es lo mismo estar en un lugar que estar en un lugar donde repentiamente comienza a sonar la música que te gusta. No son tus audífonos, no es tu reproductor, son los parlantes del lugar; desde ahí proviene esa canción que amas. Entonces empiezas a mover la patita, a tararear la letra y a moverte con la melodía. La gente te mira, pero no importa, estás disfrutando el momento. Y ese lugar se acaba de transformar en uno de tus puntos favoritos de la ciudad.

09/11 2010

#16: cuando las flores de plástico resultan ser de verdad

La tecnología de hoy ha permitido que la ficción sea mucho más real que la realidad misma. Por eso siempre sonrío cuando veo unas flores que, desde lejos parecen de plástico, pero al acercarme descubro con sorpesa (he ahí la razón de la sonrisa) que se trata de flores frescas. Mucho mejor si son margaritas, es como tener un pedazo del campo en tu mesa. Y en una ciudad donde lo único que se ve alrededor son edificios, eso es casi impagable. Casi porque, obviamente, hay que pagar las flores.

08/01 2010

#15: cuando aprendes a abrocharte los cordones

Hay etapas en la niñez que te marcan para siempre. Una de ellas es cuando aprendes a atar los cordones de tus zapatillas. No es algo con lo que se nace y requiere cierto talento para hacerlo. Aunque pongas mucha atención cuando te enseñan, nunca sale a la primera, o a la segunda o a la tercera (aunque hay casos documentados que afirman que un niño en Bulgaria lo hizo a la primera, cuando tenía un año y medio de edad).

Como sea, cuando aprendes a atar los cordones de tus zapatillas (zapatos o botas) es un gran paso, es un pequeño momento en que ganas libertad pues ya no tienes que recurrir a un adulto para que te ayude. Es ahí cuando te das cuenta que la vida está llena de pequeños momentos que, con su simpleza, te enseñan mucho más de lo que pensabas.

06/19 2010

#14: ver películas repetidas

Te las sabes de memoria, puedes repetir los diálogos a medida que se van dando y ya conoces el final. Pero no importa, porque ver películas que has visto cientos de veces es todo un arte. Porque no cualquier película está dentro de tu lista de “películas que puedo ver una y otra vez sin aburrime”, cada una de ellas es elegida con pinzas y por una razón en especial, ya sea porque aprendes algo de ellas o te deja una sensación diferente cada vez que la ves. Lo mejor es que no importa en que momento llegues a ver la película porque sabes perfectamente lo que pasó antes. Y si las ves un domingo por la tarde en la tele, es mucho mejor porque se transforma en un buen panorama… y gratis.

06/05 2010

#13: el momento después de una mudanza

Cambiarse de casa/oficina/lugar no es una tarea fácil. Por lo general dejamos que “expertos” en mover cosas mudanzas hagan el trabajo mientras uno se encarga de los detalles. Pero el cambio siempre será mejor (y más divertido) si lo haces con tus amigos. Aparte de las risas y los recuerdos que quedarán de la mudanza, podrán disfrutar de aquel magnífico momento cuando todo está listo y sólo falta mover el sofá, porque inmediatamente después de hacer eso, el paso siguiente es sentarse en él y descansar. Si es con algún bebestible en la mano, mucho mejor. Después de eso todo parece más fácil.

05/21 2010

#12: elegir la fila correcta en el supermercado

Entras al supermercado con la idea fija de comprar dos o tres cosas, nada más. Evitas todas las tentaciones que caen como bombas por cada uno de los pasillos. Dulces, pasteles, papas fritas y similares no caen en tus manos (o canasto si es que aún existen) y te diriges raudamente hacia las cajas con tus tres unidades. Ahí te das cuenta que las filas son enormes, larguísimas. Y para colmo la famosa “caja express” no está funcionando.

Es hora de decidir en que caja ponerse. No es fácil, todo el mundo parece llevarse el mundo en sus gigantescos carros y tú sólo quieres irte a casa. Un trámite de 5 minutos parece que se transformará en una eterna odisea. Tras pensarlo, eliges ponerte detrás de una señora que lleva un par de bolsas llenas, con la sensación de que no saldrás de ahí nunca. Pero el milagro ocurre. La fila avanza, el sonido de la máquina registrando productos suena sin parar y ya estás frente a la cajera. El discurso típico (que la tarjeta de socios, que si quiere donar el vuelto) y listo, ya estás saliendo. Miras para atrás y ves que todas las otras cajas siguen con filas eternas. Sales agradeciendo tu buena suerte.

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